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Jueves 25 de agosto de 2005. Núm. 10296 

CUERDAS DE NOSTALGIA

Raciel Martinez

Fotos: Alán Batalla

El tiempo se atrapó en un salón de la Casa de la Ciudad. Con una pizca de imaginación es posible regresar a los ayeres cuando el poblado de Coicoyán de las Flores era la más importante tierra de lauderos. Su fama traspasó fronteras.

Tres tiempos… FOTO: ALÁN BATALLAHoy, Coicoyán de las Flores trasciende por el alto grado de marginación, pobreza y migración.

De la habilidad, don y paciencia de los lauderos, casi nadie escribió. En la actualidad, los estudiosos refieren que el oficio de la laudería se conoce a través de la memoria colectiva, al menos desde finales del siglo XIX.

En el regreso al tiempo, la historia nos muestra que entre los instrumentos fabricados por los mixtecos estaban: guitarras, violines, jaranas, bajos quintos o vihuelas, requintas, guitarras sextas, mandolinas, contrabajos y banjos tenores.

Rubén Luengas --un mixteco producto de la migración--, hoy maestro de la Escuela Nacional de Danza Folklórica y director del grupo Pasatono, organizó la exposición de Guitarrerías en la Casa de la Ciudad (calle de Morelos esquina con Porfirio Díaz).

Rubén Luengas ingresó a la Escuela Nacional de Música, con la idea de estudiar guitarra, pero acabó en Etnomusicología. Fue ahí donde vivió lo que él llama “un descubrimiento de mi pueblo”.

Había estudiado guitarra en la secundaria, creado el grupo de rock, La Canícula, participado en una mesa de concheros. Luengas recuerda: “no tocaba nada tradicional, ni sabía qué se tocaba en mi pueblo; sólo sabía que en la fiesta local, el cuarto viernes de cuaresma, tocaba una banda. Al estudiar etnomusicología descubrí los géneros de allá, los instrumentos que hoy no suenan y a los músicos que ya tampoco tocan de manera activa”.

Refresca su memoria:

“Mi abuela me hablaba de él y del bajo quinto que se tocaba en el monte”. El bajo quinto lo aprendió en la Escuela, con la ayuda de Guillermo Contreras. “En la comunidad ya no queda casi nadie que lo toque y fue el instrumento más característico de la música regional; es un tipo de guitarra grande con diez cuerdas dobles que se toca con púa o espiga y tiene una amplia sonoridad”.

Entre las partes de una jarana están: kua kuu (tapa o cara); deente (puente); xi’ni (cabeza) y to’sotu (costilla o aro).

Los instrumentos eran elaborados con maderas de tuxaaa tu (ayacahuite), tu’ju (sabino) y tu tiki (nogal).

Maderas que cantan, que sienten… FOTO: ALÁN BATALLA En la silenciosa sala, a un costado de la biblioteca pública “Andrés Henestrosa”, con el aroma de las maderas que cantan, se lee:

“Una de esas costumbres vernáculas de la Mixteca fue la laudería. En el pueblo de Coicoyán de las Flores, desde finales del siglo XIX a mediados del XX, los lauderos establecieron redes de circulación y venta de instrumentos.

“Cuando dejaban de trabajar intensamente en el campo, construían instrumentos para las ferias de la cuaresma que son las fiestas más importantes en los pueblos mixtecos. En las peregrinaciones a los santuarios, la gente compraba carne y chile costeños, sillas y petates, y también sus instrumentos: violines, jaranas, mandolinas, guitarras sextas, banjos y su bajo quinto”.

“Los lauderos dejaron de producir, los músicos ya no compraron. Y es que con las carreteras y los medios de comunicación entraron nuevas modas, las orquestas se transformaron y aparecieron algunos híbridos”.

La habilidad de los mixtecos. FOTO: ALÁN BATALLA En 2004, el Taller de laudería tradicional mixteca La Chicharra, ubicado en Tezoatlán, retoma la comercialización en los santuarios de Nieves Ixpantepec, Silacayoapan, para poder llevar los instrumentos a los músicos como lo hacían los viejos constructores.

En la actualidad cuentan con el apoyo de la Fondation Aide Populaire D’urgence, que impulsa la construcción de diez bajos quintos destinados a las manos de los viejos tocadores, quienes por años habían estado privados de este instrumento, y también a los músicos jóvenes interesados. Aunque ya quedan pocos productores en Coicoyán de las Flores: Telésforo González Melo, de 94 años, Quirino y Juan Tenorio de 80 años y 60 años, respectivamente, y Pedro Peña y Macario Cruz, en Guadalupe Victoria, Tlaxiaco; la muestra “es un homenaje a los lauderos mixtecos”, y a los músicos que vieron a esos hombres con sus petates tendidos en la ferias vendiendo violines y bajos, “y que disfrutaron e hicieron disfrutar a tantos con todas esas Guitarrerías”.